Economía Circular y Revolución 4.0. Cuando el NO, NO es una opción

Publicado en la revista Circle el 26 de junio de 2019

Estamos ya viviendo en la Cuarta Revolución Industrial, en la Revolución 4.0, aunque algunos no quieran darse cuenta y sigan defendiendo modelos económicos del Siglo XX. Esta Revolución 4.0, se caracteriza por la existencia de máquinas y sistemas interconectados permanentemente en todo el proceso productivo y se sustenta en tecnologías como la robótica, Inteligencia Artificial, Machine Learning, Deep Learning, Big Data, Internet of Things (IoT), o impresión 3D; como dato baste decir que el analista Gartner estima que en 2020, podría haber cerca de 20,5 millones de dispositivos conectados, con un impacto en la economía superior a 2.900 millones de dólares. Tal es su potencia disruptiva, que es difícil imaginar un campo de la sociedad o la economía que no se vea impactada por ella.

Esta es la realidad. Ya no vale, como decía mi maestro, en dar vino nuevo en botella vieja; el reto ahora es ofrecer vino nuevo en botella nueva. Si esto es así, que lo es… ¿cómo va a afectar a la economía circular? Reconozco que entro en este terreo desde la humildad; he llegado a comprender el impacto de la Revolución 4.0 en el espacio público, en la reputación corporativa, en la RSC e incluso en la cultura corporativa. Así que, con una mirada de alto nivel, me gustaría adentrarme en el binomio Revolución 4.0 y la economía circular.

Empezaré por los economics, con los números, porque últimamente parece no basta con acometer las cosas desde un imperativo moral, si no que ese impacto moral tiene que estar asociado a un impacto económico positivo. Siguiendo datos ya publicados por Fundación Ellen MacArthur, SUN y McKinsey, la Revolución 4.0 podría generar en Europa un beneficio neto de 1,8 billones de euros hasta 2030, es lo que representa, 0,9 billones más que el modelo tradicional de economía lineal; este dato, supondría que el PIB europeo podría crecer hasta un 11 y 27 por ciento para 2030 y 2050 respectivamente, frente a 4 y el 15 por ciento del escenario de desarrollo actual.

Estos son los números. Ahora veamos de qué forma concreta puede la tecnología impulsar la economía circular. Para adentrarme en este punto me ha interesado especialmente la contribución que Guadalupe García, experta en economía circular de la Fundación Cotec, para Telos, la revista de Fundación Telefónica.  En esta tribuna, la autora hace un repaso muy ilustrativo de cómo las diferentes tecnologías favorecen la economía circular.

Por un lado, la Inteligencia artificial, podría optimizar el uso de recursos naturales (por ejemplo, el agua), de redes de energía y transporte o de predecir desastres naturales y fenómenos climáticos, tanto en zonas rurales como en ciudades.

Por otro, el IoT y big data, podría recopilar datos a través de sensores y conectar máquinas y personas –a todos con todo–, para desarrollar nuevos modelos de negocio circulares como las plataformas de coche compartido, o los modelos de producto como servicio (basados no en poseer los bienes sino en utilizarlos) y estrategias circulares (remanufactura, actualización, logística inversa).

Además, el Blockchain, en tanto que libro de contabilidad digital distribuido, “permitiría ofrecer trazabilidad y claridad para realizar transacciones de activos de carbono,  facilitar negocios C2C de energía renovable entre ellos; realizar un registro fiable de los gases de efecto invernadero para los estados firmantes del Acuerdo de París, o “bien implantar un sistema de reciclaje a través de blockchain que promueva la participación de los ciudadanos, recompensando con criptomonedas sus actuaciones positivas”.

También la Robótica puede ser un aliado inmenso no solo para optimizar procesos industriales, sino sobre todo para la gestión de residuos y de la gestión de residuos ya que los robots pueden distinguir entre cientos de residuos y recuperar aquellos reciclables o valiosos.

Y así podríamos seguir con las enormes posibilidades de autoproducción que generan la impresión 3D y la capacidad de la realidad aumentada para hacer demostraciones de impacto ambiental antes de la fabricación de cualquier componente. Al final, parece claro que la Revolución 4.0 es una palanca fundamental para la economía circular

Y para terminar, me gustaría poner foco en los océanos, quizá la parte más difícil, por extensa, de abordar por el ser humano. Más allá de la ya famosa barrera flotante para limpiar el plástico de los océanos lanzada por Ocean Cleanup, con las que sus creadores limpiar en 5 años el 50% de los residuos plásticos del gran basurero del Pacífico, también empieza a haber soluciones interesantes basadas Inteligencia Artificial; por ejemplo, IBM está incorporando al plancton sensores biológicos naturales para medir la salud del agua, predecir el estado de las aguas y posibles mareas rojas, y responder ante vertidos de petróleo. En otras palabras. El futuro, como decía Radio Futura en su canción, ya está aquí. Simplemente, negarlo no es una opción.

Este articulo fué publicado en la revista Circle, el 26 de junio de 2019

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