Raúl o la casta del líder

Este post lo escibi hace ya diez años. Pero sigue vigente. No cambio ni una coma. Es mi personal homenaje a Raul González Blanco.

Llevo casi dos años publicando esta tribuna, hablando de liderazgo, de comportamientos corporativos, de profesionalidad, de lealtad institucional… en fin, de todas esas cosas. Pero sólo ayer caí en la cuenta de un descuido imperdonable: en todo este tiempo no le he dedicado a Raúl, el 7 del Real Madrid y de la selección española, ninguna tribuna como Dios manda. Nunca tuve los reflejos para sacar a la luz todos los rasgos de liderazgo que hay en este jugador. Si el deporte es una buena metáfora de la dirección de personas y del trabajo en equipo, Raúl es un filón.

Perdón. Raúl es mucho más que un filón. Es el nacimiento del Nilo, la mina de oro, la piedra filosofal… En otras palabras: es el mejor. En eso, los profesionales del mundo del fútbol, más allá de sus colores, están de acuerdo. Pues bien. ¿Qué tiene Raúl que no tengan los demás?. Aunque estoy convencido de que algo me pueda dejar en el tintero, me atrevería a decir que en Raúl se encierran la mayoría de las grandes habilidades de un líder. Vamos a verlas.

Para empezar, si un líder es alguien al que su gente seguiría al fin del mundo, con quien la gente quisiera disputar las “batallas profesionales”, Raúl es ese líder. Santiago Segurola, jefe de deportes del Diario El País lo escribió en su crónica del 16 de diciembre del pasado año, con una precisión meridiana:  “Cuando se sinceran los jugadores de gran prestigio, son mayoría los que apuntan a Raúl como el futbolista que elegirían en primer lugar para ir a la guerra. Para jugar un partido, vamos. Esta gente no le ve como un flaco desgalichado, sino como la máxima garantía de seguridad, eficacia, carácter y recursos que se puede ver en un campo de fútbol”. Ahí, posiblemente queden reflejados los primeros indicios de un líder.

Para continuar, si un líder es alguien que consigue resultados, Raúl, también es ese líder. Y es que este es un tema crítico, no sea que alguien confunda liderar con esas operaciones de marketing (empresarial o deportivo) tan al uso en los últimos tiempos (y no seré yo el que traiga a la memoria los nombres de todas las estrellas –fugaces- del panorama empresarial mundial del último decenio). Santiago Segurola, también destacaba éste aspecto en su crónica: “Van para nueve los años que Raúl lleva en el gran fútbol, y al menos tiene de su lado a la estadística, que siempre conviene estudiar en caso de duda. Es el máximo goleador en activo de la Liga -con sólo 25 años- y va camino de romper algunos récords notables”.

En tercer lugar, si un líder es alguien que no se amilana, que tiene coraje para superar las adversidades, que tiene espíritu de entrega y lucha, que no se rinde nunca, que imprime carácter a su equipo, Raúl es, una vez más, ese líder. Y lo es, además, reconocido por sus compañeros. Michel Salgado, el lateral derecho del Real Madrid, en una entrevista concedida al diario El País, fue bastante claro: “Con Raúl no sólo son los números. Los números avalan a muchos jugadores. No sólo es el palmarés… Es que cuando sale al campo… ¡es Raúl!. Salir al campo y ver a Raúl en tu equipo… te imprime carácter”.

En cuarto lugar, si un líder es aquel del que poder aprender talento y brillantez, (no olvidemos que, en muchas ocasiones, por el principio de incompetencia de Peter, muchos de los que están ahí arriba lo están por su capacidad de sobrevivir, no por su talento como profesionales), Raúl, otra vez más, es ese líder. Santiago Segurola lo comentaba con admiración: “Raúl gana partidos, y si son complicados o muy exigentes, mucho mejor. Los gana con sus goles, por supuesto, pero sobre todo los gana porque casi siempre encuentra los recursos adecuados para marcar la diferencia. En unos casos, será el mejor centrocampista; en otros, será el delantero que encuentra en el área lo que a otros se les escapa; también será el más generoso de los futbolistas; y en ocasiones se reirá de los escépticos con un poderoso remate, con un gol lleno de habilidad, con un cabezazo implacable, con todo aquello que se sospecha que no tiene, pero que Raúl saca cuando llega el momento de ganar los partidos”.

Y, para terminar, si un líder es alguien que suele estar relativamente sólo por efecto del “peso de la púrpura”, ese líder es, una vez más, Raúl. Hace unos días, un buen amigo me comentaba que, para estar muy arriba, hay que tener  la frialdad del hielo y, porqué no, “la mirada del tigre” en los ojos. Y en esto, Raúl también imprime su estilo. “Puede que Raúl sea un tío poco comunicativo fuera del vestuario, y sobre todo, fuera del campo –reconocía Michel Salgado en su entrevista-. No le gusta lo que a otros: ser más conocido, mezclarse con la gente. Quizás en ese sentido es un poco suyo. Pero para nosotros es importantísimo. Salir al campo y ver a Raúl en tu equipo… te imprime carácter. No hace falta hablar con él. Con verle, sabes que tienes un ganador contigo”

Por todas estas razones, Raúl es un líder. Y lo es porque, quizá, no siempre se le note cuando esté en el campo, pero lo que sí se nota es cuando no está. Michel Salgado fue rotundo en este aspecto: “No hace falta hablar con él. Con verle, sabes que tienes un ganador. Sales a jugar, a disfrutar, y no tienes problemas. Cuando te vienen los problemas diarios, cuando tienes que cumplir objetivos, cuando tienes que enfrentarte a la presión… tengo clarísimo que Raúl es imprescindible”.

Vaya pues, en éstas líneas mi homenaje a Raúl. Supongo que no servirá para que le den el balón de oro. Da igual: yo le daría el Master cum laude en raza y casta. Y ahí es donde se ve a un gran líder.

Publicado en el Diario Cinco Días 17 de enero de 2003

Imagen aparecida en DeporteSpain.Com

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