RSC: En busca de su identidad perdida

Hace unas semandas, Javier Martin Cavanna me pidió un artículo para publicar en el numero Cincuenta de su revista Compromiso Empresarial sobre la evolución de la RSC en los últimos años y su perspectiva de futuro. Y este es el post que le mandé.

De entrada, y para empezar, diré que la acción social le ha ganado la batalla a la RSC. De hecho, si preguntásemos a eso que se llama “gran público”, (no al “publico experto”) veríamos claro que la RSC se identifica más con los proyectos sociales realizados por las empresas que con, por ejemplo, la gestión íntegra y ética de las multinacionales en el proceso de globalización, la identificación de nuevas oportunidades de negocio con impacto social, la gestión de riesgos derivados del negocio en aspectos sociales, económicos o ambientales, o la satisfacción de los clientes.  Esta idea no es nueva: ya la he publicado anteriormente.

En otras palabras: la Acción Social ha generado un “efecto halo” de tal calibre que ha “secuestrado” la naturaleza y la identidad de la RSC. Edward Lee Thorndike definió el “efecto halo” como la tendencia por la que casi todos nosotros nos formamos una impresión general sobre personas o cosas a través de su rasgo más sobresaliente, rasgo que, sin embargo,  oculta el resto de las dimensiones que pudieran perfilar el juicio total sobre aquellas.

¿Por qué la RSC es hoy un concepto secuestrado por la Acción Social? ¿Por qué si las principales instituciones que dieron forma a la RSC pensaron en esta función dirigida a minimizar los impactos negativos y maximizar los impactos positivos de una empresa en su desarrollo económico, social y ambiental… después de casi veinte años los programas sociales son la parte más visible de este iceberg? En mi opinión, la respuesta hay que buscarla en varios motivos:

  • Porque se trata de un concepto difícil de definir y, además, controvertido. Tal y como se ha comentado en repetidas ocasiones (Bjorn Stigson) “no existe una definición única de lo que significa la RSC, pues generalmente esta depende de la cultura, religión o tradición de cada sociedad. No existe una talla única, por lo que se debe diseñar una para cada caso y necesidad”. Eso significa que, de facto, estamos ante un concepto indeterminado, susceptible de definirse de muchas formas (como así se desprende de las diferentes definiciones que se han venido formulando desde la década de los 50) y, además, con partidarios y detractores igualmente fervientes.

  • Porque es un concepto que convive mal con el mundo anglosajón, de donde normalmente importamos las últimas técnicas de gestión. Por una parte, la expresión Responsibility está muy vinculada a aspectos jurídicos y equivales a lo que allí llaman Compliance o cumplimiento, lo que dificulta la idea de que la RSC es algo voluntario. Si hay responsabilidad jurídica de fondo, ni hay voluntariedad (piensan los anglosajones). Por otra, la expresión Social se vincula con la Charity anglosajona, que  para ellos es algo completamente al margen del negocio (no hay más que pensar en la Seguridad Social y el papel del Salvation Army). Por último la expresión Corporativa  / Empresarial nos lleva a pensar que la RSC es sólo un tema de empresas, lo que parece excluir a cualquier otra institución de la idea de la Responsabilidad.

  • Porque abarca muchos contenidos, tantos, que es difícilmente gestionable en organizaciones que, por lo general, trabajan de forma vertical o en silos. Bajo el paraguas de la RSC se han intentado cubrir aspectos tan diferentes como la gestión ambiental, el cambio climático, la ética, la trasparencia, la ISR, la reputación corporativa, los derechos humanos, la diversidad, la innovación social, la conciliación familiar, la gestión del voluntariado corporativo, la integración de las personas en riesgo de exclusión, los patrocinios sociales, el diálogo multistakeholder… (y podría seguir). El resto de las figuras empresariales no sólo son más sencillas (las personas, las operaciones, las finanzas, el marketing), sino que, además, pueden permitirse el lujo de no interactuar unas con otras.

  • Porque desde las empresas, la RSC se ha vinculado con las áreas de la comunicación e imagen. En una tesis doctoral de la Universidad de Málaga (Ana Casado, 2011) se demostró que las funciones de RSC se incluían mayoritariamente en departamentos vinculados con la Comunicación, la Reputación Corporativa y las Relaciones Institucionales (90%). De la misma forma, se comprobó que la denominación de los departamentos responsables de RSC están muy vinculados con las áreas de comunicación y similares.

  • Y porque muchos departamentos de RSC de todo tipo de empresas quizá se hayan “refugiado” en poner en marcha proyectos sociales, bien porque ésa era una función que nadie les disputaba en la organización, bien porque no generaba luchas de poder o conflictos con otras áreas conexas, o bien porque tiraron la toalla al ver que trabajar en horizontal era, de hecho, “la madre de todas las batallas” y acabaron cansados de que les dieran “con la puerta en las narices”.

¿Qué hacer para devolver la RSC a su verdadera identidad? Es curioso. Pero si analizásemos los principales instrumentos que se han producido en los últimos quince años para impulsar la RSC, ninguno de ellos, insisto, ninguno, pone énfasis en la gestión de los programas sociales sino en aspectos nucleares del negocio y, muy especialmente, en la gestión de los impactos (positivos y negativos) de las empresas en su proceso de globalización.

Pues bien. ¿Qué tenemos que hacer para superar el efecto halo vinculado a la filantropía y vincular la RSC a la cadena de valor de la empresa? Aun a riesgo de repetirme y de ser pesado, creo que la clave de todo pase por evolucionar el lenguaje y pasar progresivamente a hablar de Sostenibilidad Corporativa en lugar de RSC. Y es que, si después de casi 15 años desde que ser lanzó el Pacto Mundial no hemos sido capaces de hacer entender al “gran público” que la RSC no sólo va de proyectos sociales sino que, sobre todo, es un elemento nuclear del negocio… ¿qué motivo podemos tener para pensar que vamos a ser capaces de lograrlo en la próxima década15 años? Mi tesis es que es más fácil que incluyamos al concepto de sostenibilidad dimensiones no medioambientales que quitemos el halo filantrópico a la RSC.

Por eso me gusta la aproximación que hace el Dow Jones Sustainability Index (DJSI). Para este índice “La Sostenibilidad Corporativa es un enfoque de negocio que persigue crear valor a largo plazo para los accionistas mediante el aprovechamiento de oportunidades y la gestión eficaz de los riesgos inherentes al desarrollo económico, medioambiental y social”.  De esta forma, la Sostenibilidad Corporativa pudiera entenderse como una evolución natural de la RSC con el objetivo de vincularla más al valor y al core business.

Esta evolución nos ayudaría mucho para entender que la RSC (perdón, la Sostenibilidad) es algo más rico que desarrollar proyectos sociales. Es también…

  • Un aliado perfecto para ganarse a la opinión pública. Y no olvidemos que casi todas las grandes empresas viven bajo la atenta mirada de los reguladores. Y nos guste o no, el mejor (o peor) regulador de una empresa es, sin duda alguna, la opinión pública.  Por eso, todo lo que una empresa sea capaz de gestionar sus impactos negativos aguas arriba, de definir políticas o normativas internas de actuación, de tener planes de contingencia y mitigación  ex_ante, de crear y suscribir protocolos de autoregulación en temas materiales (no solo que afecten a la propia compañía, sino que involucren también al sector)…, todo lo que una empresa sea capaz de hacer eso, conseguirá una aceptación publica mayor y, quizá, podrá prevenir regulaciones no deseadas. 

  • Una palanca para ganar diferenciación en el mercado. El ADN de la RSC / Sostenibilidad está “llenito de marcadores” relacionados con el comportamiento íntegro y la ética. Decía Lou Gerstner, ex CEO de IBM, que la “cultura corporativa es lo que la gente hace cuando nadie le ve”. Por eso es tan importante hacer vivir los principios del código ético mediante políticas internas y normativas que exportar a todo el teatro de operaciones de una compañía. Este tipo de normativas internas en temas como la cadena de suministros, la igualdad, los derechos humanos, los conflictos de intereses, etc, ayudan a conformar una cultura interna de responsabilidad.  Y no estamos hablando de una ética en general (la palabra ética es muy muy muy grande), ni de una ética personal (que puede estar condicionada por la propias creencias de cada uno. Estamos hablando del Código que cada compañía quiera darse y que debería estar en línea con los principales instrumentos globales de la sostenibilidad y de los estándares de trasparencia.

  • Un mecanismo de alineación interna. Es curioso, pero no se ha trabajado mucho en el potencial de la RSC / Sostenibilidad como “alineador” interno. Ese rol puede conseguirse gracias a dos capacidades. La primera es la naturaleza horizontal y trasversal de esta función. Y ya se sabe lo difícil que es trabajar en horizontal en las organizaciones, sobre todo cuando la presupuestación, la objetivación, la evaluación del desempeño y la asignación de recursos se hace mayoritariamente de forma vertical. Es curioso escuchar tantos lamentos en el mundo empresarial sobre los costes de trabajar en silos, con lo fácil que sería utilizar como punta de lanza de proyectos compartidos (por ejemplo, en cadena de suministros, derechos humanos, diversidad, privacidad, eficiencia energética, alianzas público privadas…). Y la segunda, radica en su potencialidad para generar orgullo de pertenencia. A todos nosotros nos gusta hacer bien nuestro trabajo, nos gusta sentirnos orgullosos de trabajar en una empresa que hace bien las cosas. Y la Sostenibilidad permite eso: hacerlo bien (gestionando impactos y oportunidades en los ámbitos social, económico y ambiental) y hacer el bien (implantando, también, proyectos sociales).

  • Una forma diferente de gestionar las relaciones institucionales, porque permite tener una mirada 360º de los stakeholders, que es más profunda que gestionar la pertenencia instituciones y asociaciones al modo tradicional. Desde esta óptica la RSC / Sostenibilidad permite impulsar alianzas público privadas con instituciones nacionales y multinacionales que operan en su entorno con el fin de promover el desarrollo económico y social. Crear estos ecosistemas convertirá a la empresa en socio y aliado para el desarrollo sostenible en ámbitos territoriales locales, nacionales o globales.

  • El primer paso hacia la Innovación social, buscando “formulas de co-creación” de negocios conjuntos. Por regla general, lo que hoy empieza siendo un patrocinio de tipo social, mañana puede evolucionar hacia un pre-test de mercado para lanzar un producto o servicio con impacto social y dirigido a colectivos en riesgo de exclusión (mayores, personas con discapacidad, inmigrantes). Adicionalmente, ese pre-test puede y debe hacerse junto con las asociaciones que representan legítimamente a estos colectivos. Trabajar de esta manera implica establecer partenariados que benefician económicamente a todas las partes.

  • Una palanca para impulsar la trasparencia. Nos guste, o no nos guste, los movimientos hacia una mayor trasparencia (desde los informes de Gobierno Corporativo, hasta el movimiento del Reporte Integrado) han tenido su origen en los informes de sostenibilidad, porque han puesto en valor una idea sencilla: tan importante es saber “cuánto se gana” (es decir, las cuentas anuales), como saber “cómo se gana” (es decir, los principios que presiden la actuación de la compañía). Cada vez más hay un mayor escrutinio público sobre empresas e instituciones de todo tipo (públicas y privadas), escrutinio que empuja a todo el entramado empresarial e institucional a un mayor cuidado en el reporte y la trasparencia. Y no nos engañemos: la trasparencia es el principal desinfectante contra la corrupción.

En conclusión: Sí se puede. Me gustaría terminar con una llamada de esperanza. Frente a muchos que afirman que la RSC, hoy, está muerta sinceramente creo que hay vías de futuro. Con ese nombre, o con otro, lo que está claro es que esta función será relevante para la empresa si, y solo sí, es capaz de recuperar su identidad perdida, que no es otra cosa que, trabajar por hacer bien las cosas ( y no solo hacer “el bien”). Solo con esa “redefinición”, habremos dado un gran paso adelante.

Imagen extraída del blog Pymempresario


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COMENTARIOS4 comentarios
pablo frederick
05 Mar 2014 | Responder
Alberto, comparto plenamente tus comentarios así como en su momento compartí que la RSC no había podido con la filantropía ni el concepto de charity tan anclado en nuestros empresarios. Al menos en nuestra región América latina), la palabra social se presta para esa confusión y siempre se piensa a la sociedad como la gran "deuda" de las empresas, de sus externalidades y de sus nuevas obligaciones en la era de la información, las redes sociales y el empoderamiento ciudadano.
Sustentabilidad, sin embargo, apunta más al negocio, a cómo una empresa debiera crear (aumentar)su valor y a perdurar en el tiempo. Con esto superamos la idea de ser responsables o irresponsables, la idea de esta deuda y nos centramos en que el negocio debe ser sustentable porque si no, no es. Esto incluye lo ambiental, por supuesto, pero también cada una de las partes que forman la cadena de valor como los colaboradores, proveedores, contratistas, etc.
Para ser sustentables, las empresas no pueden abstraerse, como lo han hecho hasta ahora, de sus Grupos de Interés porque son parte de esta cadena del valor y, por ende, del mismo negocio.
Una vez que entendamos eso, quizás no sea necesario hacer tantas aclaraciones a la hora de hablar de porqué una empresa que dona dinero a una fundación no es necesariamente una empresa responsable ni menos sustentable (sostenible).
Un abrazo
PABLO, Deloitte Chile
Alberto Andreu
15 Mar 2014 | Responder
Muchas gracias por tu comentario, Pablo
Tu planteamiento y el mio son coincidentes, así que creo que tendríamos que repetirlo mucho a ver si, a fuerza de repetición se va quedando en el impaginario colectivo
Un abrazo!
carmenli
20 Mar 2014 | Responder
Soy una más! En coincidir. Alberto qué clarita tú reflexión, quedemos la Sostenibilidad y Pablo qué transparente la idea de la deuda. Son muchos... pero también nosotros.
Alberto Andreu
20 Mar 2014 | Responder
Pues mejor así. Cuantos más, mejor
Cuantos más veamos así el problema, tantos más seremos los que podamos cambiar las cosas
Gracias Carmen
Espere...


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