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En el trabajo no hay amigos… ¿O sí?

(Below, in english)

¿Cuántas veces se ha sentido Ud., amigo lector, sorprendido, decepcionado, engañado o, por ser más duros, traicionado en el trabajo por alguien que consideraba su amigo? “Es que no me lo podía imaginar –me contaba hace días un antiguo colega -. Nunca pense que ese, al que he sacado de miles de apuros, el que ha llorado sus penas en mi hombro, el que ha contado conmigo en lo personal y en lo profesional durante más de diez años… haya sido incapaz de salir en mi defensa”. “No lo entiendo –repetía casi entre lágrimas-; si era mi amigo”.

Y mi respuesta fue bastante ácida (me van a disculpar, pero me cuesta abandonar ese tono): “Es que en el trabajo no hay amigos –le dije-. Podrás tener mayor o menor relación, más o menos complicidad, más o menos confianza. Pero, créeme: sólo cuando dejes la empresa te darás cuenta si son o no verdaderos amigos tuyos. Si después de salir mantienes la relación, la confianza y la complicidad… entonces ya eran amigos”.

Pues ese es el tema de hoy. Los amigos y el trabajo. ¿Es posible, pues, cuidar, mantener y preservar relaciones de amistad dentro de la jungla de las relaciones laborales? Para responder a esta pregunta, le propongo analizar dos ideas.

Esta es la primera: en las relaciones laborales juegan un papel muy importante los intereses y la competitividad interna. Todo el que trabaja quiere tener su pequeño o gran ámbito de responsabilidad; sacar la cabeza de vez en cuando; sentirse protagonista de sus proyectos; ser reconocido en la organización como autor de algo; apuntarse tal o cual medalla para promocionar en el futuro; saber, en última instancia, que su trabajo se ve y sirve para algo. Vamos, que a todos nos gusta que nos den la palmadita y nos digan qué listos somos.

Y eso es bueno: la ausencia de competitividad genera organizaciones e individuos sin iniciativa porque… ¿para qué me voy a esforzar si no voy a ganar nada más?. Recuerdo que un familiar me contaba los problemas que tuvo en los primeros meses de trabajo en una de estas organizaciones: le llegaron a amenazar con la soledad más absoluta si prolongaba su jornada más allá de las tres de la tarde o si aceptaba o proponía nuevos proyectos de la Dirección General. “No has comprendido cómo funcionan aquí las cosas y tu falta de compañerismo nos está dejando en evidencia”- le llegaron a decir. Por el contrario, el exceso de competitividad puede generar organizaciones mercenarias y autodestructivas, donde todo vale y donde el fin justifica los medios. En este sentido es muy típico ver cómo divisiones de una misma compañía se roban entre sí clientes sólo para salir mejor en la foto anual. Una vez un socio de una gran firma de consultoría me confesó: “Es que si le quito el cliente al colega, gano el partido por 2-0: el 1-0 es el cliente nuevo que yo tengo; y el 2-0 es el cliente de menos con el que él se queda”.

Y es aquí donde se aplica la segunda idea: las personas, antes que “empleados o seres organizativos” somos, en primer lugar, eso: personas. Y será por los principios heredados de nuestros padres, por la influencia religiosa, por las normas básicas de conducta que nos contaban en el colegio, por ese bonito aforismo de ser tan diligente como un buen padre de familia… o será por lo que sea, todos nosotros sabemos cuando alguien cumple con lo que dice, cuando está ahí para escuchar, cuando miente más que habla, cuando tiene más peligro que una piraña en un “bidet”, cuando busca su propio beneficio, o cuando aplica sin rubor la política del sálvese quien pueda. Y eso, sencillamente, es ser una buena persona o un mal tipo.

Bien. Si reconocemos que en las relaciones laborales juegan un papel muy importante los intereses y la competitividad interna, y que los individuos somos personas antes que empleados… ¿cómo se aplica todo esto a los amigos y el trabajo? Permítame amigo lector, algunas recetillas. Como inicio, soy partidario desde el principio de sacar a relucir los intereses legítimos de cada cual, de poner en la mesa las reglas del juego, de confesar abiertamente los objetivos de tu proyecto, y de entender los objetivos de el de tu colega; sólo así se pueden compartir los objetivos comunes (eso es ser competitivo y defender los intereses individuales). Sólo desde esta puesta en común se puede iniciar una relación de confianza y de respeto mutuo.

Como paso siguiente, y si surgen conflictos, soy partidario de actuar con los demás como te gustaría que actuasen contigo: avanzar los problemas, no engañar y mantener tu palabra. Ya sé que muchas veces, por diferentes razones es difícil mantener los compromisos adquiridos con colegas, jefes o subordinados (esos son los efectos colaterales de la competitividad interna). Si esto es así, amigo lector, decida Ud. si hay que poner por delante una dimisión o una profunda defensa de intereses. Pero no olvide una cosa: a Ud. le gustaría que aquel con quien llegó al acuerdo le llamase y le explicara que no pudo ser, que lo peleó y que fracasó. Si eso es lo que Ud. quiere, pues corresponda con la misma moneda.

Ya lo ve. En el fondo, es bien sencillo construir una relación de entendimiento y respeto mutuo si se aplican estas reglas en las relaciones entre iguales, con superiores, con subordinados y, si se me apura, con proveedores. Si tiene los principios claros, verá qué fácil es aplicarlos.

Pero no se líe: mientras esté trabajando, no confunda el respeto, la colaboración y el entendimiento con la amistad; que esto no va de amistad sino de confianza mutua; así no se llevará sofocones, ni pensará que le ha traicionado, ni lo tomará como una afrenta personal. A partir de ahí… quien sabe. A lo mejor, como le dijo Bogart al capitán Renault en Casablanca,… este es el inicio de una bonita amistad.

ENGLISH VERSION

There is no such thing as friends at work… or is there?

 

How many times have you felt, dear reader, surprised, disappointed, cheated or, putting it more strongly, betrayed at work by someone that you considered a friend? “I just couldn’t imagine it” A friend was telling me a few days ago, “I never thought that this person, someone I had helped out countless times, who cried on my shoulder, someone that relied on me in both his personal and professional life for more than 10 years… was incapable of defending me. I don’t understand it” he repeated nearly in tears, “he was my friend”.

My response was quite harsh (I apologise, but it is difficult for me not to be): “There are no friends at work,” I told him, “You can have a close, complicated or even trusting relationship. However, believe me: only when you leave the company will you know you your friends really are. If, after leaving, you maintain contact, trust and the relationship, then you were really friends”. That is today’s topic. Friends and work. Is it possible to care for, maintain and keep friendships in the workplace jungle? To answer this question, I want to analyse two ideas.

 

The first is this: Personal interest and internal competition play an important part in working relationships. Everyone that works wants to have his or her area of responsibility, whether great or small; to be noticed once in a while; feel like the star in their projects; be recognised as the author of something; know that their work has been recognised and means something. Admit it, we all like to get a pat on the back and be told that we are clever.

This is something good: the absence of competition generates organisations and individuals without initiative because… why should I work harder if I’m not going to earn more? I remember that one of my family members told me about the problems that he had in the first months of working in one of these organisations. They even went as far as to threaten him with being isolated if he extended his work hours until after 3pm or if he accepted or proposed new projects to the senior management. “You don’t understand how things work here and your lack of team ethic is leaving us exposed,” they told him. On the other hand, too much competition could generate mercenary and self-destructive organisations, where anything goes and the ends justify the means. In this atmosphere it isn’t unusual to see different divisions of the same company steal clients from each other just to come out better in the annual photo. Once a member of a large consulting firm confessed to me that “If I steal a client from a colleague, I win the game 2-0: the 1-0 is the new client I have; and the 2-0 is the one less client that he has”.

This is where the second idea comes into play: people, not “employees” or “organisational beings” are just that: people. And maybe because of the principle inherited from our parents, from religious influences, from the basic rules of behaviour that we were taught at school, from the aphorism of being as diligent as a good father… or for whatever reason, we all know when someone does what they promise, when they are there to listen, when they lie more than they speak, when they are more dangerous than a piranha in a bidet, when they look out only for themselves, when they shamelessly apply the politics of every man for himself. This, basically, is what it means to be a good person or a bad person.

Ok. If we recognise that work relations play an important role in personal interests and internal competition, and that individuals are people not just employees… how can this be applied to friends in the workplace? Allow me, dear reader, to give some small pieces of advice. To begin with, I am all for making the legitimate interests of each person clear from the beginning, to put on the table the rules of the game, to openly state the objectives of your project, to understand the objectives of your colleague’s project; only then can your share common objectives (that is being competitive and defending individual interests). Only from this common position can you start a trusting relationship and have mutual respect.

As a next step, and if conflicts arise, I am a proponent of acting as you would like others to act towards you: work towards solving the problem, don’t cheat, and keep your word. I know that very often, for various reasons, it is difficult to fulfil commitments with your colleagues, bosses or subordinates (this is the collateral effect of internal competition).  If this is the case, dear reader, you should decide whether it is best to back down or vigorously defend your interests. But never forget one thing: you like the person with whom you reached an agreement to call you and explain why it didn’t happen, that they tried their hardest and could do it. If that is what you would like, then you should also do things in the same way.

So, as you can see, in the end it is simple to construct a relationship of understanding and mutual respect if you apply these rules in your relationships between equals, with your superiors and your subordinates and, if pushed, with suppliers. If you have clear principles, you will find that it is simple to apply them.

But don’t misunderstand: when you are working, don’t confuse respect, collaboration and understanding with friendship; this is nothing to do with friendship but rather mutual trust. If you think like this then you won’t end up with nasty surprises or thinking that someone has betrayed you, nor will you take things as a personal affront. From here… who knows? Maybe, as Bogart said to Captain Renault in Casablanca… this is the start of a beautiful friendship.

Publicado en el Diario Cinco Días, 17 de mayo de 2002


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