La mota negra o caer en desgracia

La Isla del Tesoro fue uno de los libros preferidos de mi infancia. Me gustaban los piratas y esas historias de malos que, en el fondo, siempre tenían un poso de bondad. Sin embargo, recuerdo una escena que me impactó e, incluso, me provocó alguna pesadilla infantil: “la mota negra”. La mota negra era una especie de sentencia de muerte que un pirata entregaba a otro con un papel o trozo de tela en el que sólo aparecía este mensaje: una simple y sencilla manchita negra. La mota negra era lo peor: desde ese momento, quien la recibía estaba condenado y vivía en una continua angustia, porque cualquiera podría disponer de su vida, de sus bienes… de todo.

Y en las organizaciones…. ¿existe la mota negra? No hay duda. Lo que antes se llamaba caer en desgracia, estar en la lista negra o meterte en el congelador, ahora aparece bajo otras denominaciones. La mota negra de hoy es lo que los anglosajones llaman mobbing o bulling, según sean británicos o norteamericanos. Con esta expresión, los psicólogos describen algo parecido a lo que debían sentir quienes recibían  la mota negra: la certeza de haber sido condenado laboralmente y de empezar a sufrir un tortuoso proceso de acoso y derribo moral.

¿Cómo aparece hoy la mota negra en las organizaciones? Hay muchas posibilidades, pero en todas ellas hay un elemento común: apenas existen motivos reales para caer en desgracia y casi todo se reduce a una falta de sintonía fina con tu superior. Es decir: la mota negra se mueve casi siempre en lo privado, en las percepciones y en lo subjetivo de la relación jefe-subordinado. No es un proceso organizado ni institucionalizado por parte de las compañías; cuando éstas actúan lo hacen, por lo general, por causas objetivas como ausencia de resultados, pérdida de calidad en el trabajo, etc.

Por eso puede ser interesante identificar algunas de estas situaciones para empezar a prevenirlas. Ahí van algunos ejemplos: llega un nuevo jefe y, al poco tiempo, empieza a desembarcar su equipo; pérdida paulatina de funciones; colegas que comienzan a desarrollar parte de tus responsabilidades; cambios repentinos de humor por parte del jefe; distanciamiento de los compañeros; aislamiento en comidas o actos típicamente sociales en la compañía; pérdida súbita de determinadas ventajas o beneficios laborales;  tus subordinados asisten a reuniones de alto nivel a las que tu no estás convocado; te ponen a dirigir actividades de tipo benéfico; comienza a desintegrarse tu equipo de trabajo; se producen nuevas incorporaciones con capacidades similares a las tuyas y se te encomienda su instrucción…

¿Qué hacer en una situación como esta? Nunca hay  recetas, siempre lo repito, pero creo que es muy importante tener algunas ideas claras.

La primera de ella, es ser consciente de que tienes un contrato de trabajo. Es decir: la relación de trabajo se produce entre un individuo y una sociedad anónima , no entre la persona y su superior. No se puede abandonar una buena compañía por un mal jefe. Una buena compañía, por lo general, es capaz de ofrecer posibilidades de desarrollo profesional en diferentes áreas de actividad. Y el derecho a solicitar ese cambio de función, bajo el paraguas que supone tu relación contractual con la sociedad anónima, es un derecho al que no se debe renunciar.

La segunda es no sentirse culpable y no cuestionarte tu valía profesional. Cuando alguien se encuentra en esta situación, lo primero que hace es poner en duda sus capacidades. “¿Qué he hecho mal?, ¿qué error he cometido?, ¿es que me ya no soy útil para esta organización?”. Pero no hay que caer en la trampa; lo que verdaderamente busca la mota negra es eso: socavar tu autoestima y hacerte sentir un fracasado. Para combatir esta situación conviene repasar las propias historias de éxito y desmenuzar porqué aquello funcionó bien: no se trata sólo de buscar un alivio en lo que fuimos capaces de hacer,  ni de recordar tiempos mejores, sino, sobre todo, de analizar porqué salió bien y sacar conclusiones de ello.

Otro punto importante es “saber estar en el banquillo”. Es decir: tener siempre tus deberes hechos por si te sacan a jugar. Y es que no hay que dar ocasión al enemigo. Trabaja, pues, por tu propia autoestima y demuestra lo que sabes cuando tengas tu oportunidad. El fútbol aquí da también algunas pistas: Iván Zamorano, delantero centro del Real Madrid, dio hace años toda una lección a su entrenador, Jorge Valdano. A pesar de saberse relegado por el entrenador al último puesto, y de ser invitado a  abandonar el equipo por activa y por pasiva, Zamorano resistió, trabajó y demostró a su entrenador que estaba equivocado. Y triunfó.

En cuarto lugar, conviene tener paciencia. En este punto, el refranero español es sabio:  No hay mal que cien años dure. Y Cela también: gana el que aguanta. Y si no, una pregunta: ¿cuántos de  nosotros no hemos visto resucitar como el ave fénix  a tal o cual directivo que fue condenado hace tiempo al más absoluto de  los ostracismos?.

En quinto lugar, es importante ocupar el tiempo libre que te da no tener casi trabajo. Y aquí hay múltiples posibilidades y muchas de ellas son, también, validas para la organización: conseguir algún proyecto que no quiera nadie y explotarlo al máximo, investigar sobre nuevas alternativas de productos o servicios, etc. Recuerdo a un directivo de una multinacional española que, después de haber sido apartado de sus funciones, convirtió su tiempo libre en virtud: comenzó a enviar a sus amigos artículos técnicas sobre el sector y gestión; alguien lo valoró y, al cabo del tiempo, le trasladaron a la unidad de gestión del conocimiento.

Por último, hay siempre una salida. Hace días un amigo me comentó: “¿Sabes cuando creo que gané la batalla?. Cuando les dí a entender que me habían derrotado psicológicamente. Desde ese día ya no me presionan, y soy libre para hacer algunas cosas que antes no podía. Se que vendrán tiempos mejores”. Esa es otra táctica: ser lobo con piel de cordero. Ya llegará el tiempo de morder.

Y esto es la mota negra. Cuando la recibes, quizá la primera opción que viene a la cabeza sea huir. Pero siempre hay opciones: para abandonar el barco siempre hay tiempo. En eso los piratas también eran sabios: saltaban antes que las ratas.

Publicado en el Diario Cinco Días, 25 de mayo de  2001


Compartir en FacebookCompartir en LinkedInCompartir en Twitter
COMENTARIOS2 comentarios
ulises figueroa lopez
11 Sep 2014 | Responder
Buenos dias Sr Alberto Andreu,

Reciba un cordial Saludo,

Gracias por su maravilloso comentario de la MOTA NEGRA O CAER EN DESGRACIA, hacen 7 años que me marcaron con la mota negra, hoy he descubierto la solución después de tanto culparme, Gracias de nuevo, hoy empezare a revivir, a volar, que gran enseñansa,

Que el Dios me lo bendiga, en su trabajo, a su familia, a su pais

Cordialmente;
Ulises Figueroa,

Bogota Colombia
Alberto Andreu
13 Sep 2014 | Responder
Ulises, muchas gracias por tu comentario
Eso es precisamente lo que me propuse cuando empecé con el blog: dar algunos consejos útiles a través de la experiencia adquirida.
Un abrazo
Espere...


ENVIAR


Suscríbete al blog

TOP