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¿Cuándo se jodió el Real Madrid?

Inspirado en la célebre pregunta de Mario Vargas Llosa -“¿cuándo se jodió el Perú?”- en este artículo reflexiono sobre momento actual del Real Madrid para plantear una cuestión incómoda pero necesaria: ¿en qué punto un proyecto ganador empieza a perder el control? Más allá del resultado deportivo, propongo una lectura desde el comportamiento organizacional, para entender por qué el Club está hoy en la situacion actual.

 

Una de las frases más famosas de la historia de la literatura es de Mario Vargas Llosa está en su libro “Conversaciones en la catedral” y es una una pregunta: ¿Cuando se jodió el Perú? 

Pues bien. En la situación actual del Club blanco, y después de venir de una de las etapas más exitosas de su historia, creo que hoy se puede hacer un paralelismo y hacerse directamente la pregunta: ¿Cuándo se jodió el Real Madrid? 

Intento responder. Si hay que buscar un día y una hora exacta en la se jodió al actual Real Madrid, yo apuesto por ésta: día 26 de octubre de 2025, a las 17:45 horas. Ese día y a esa hora todo se “jodió”, aunque el equipo lideraba la Liga y sacaba 5 puntos al secundario clasificado, el eterno rival: el FC Barcelona. El entrenador, Xabi Alonso, sustituyó a Vinicius en el minuto 74 y éste se despidió del campo con una bronca monumental hacia el entrenador. Una falta de respeto hacia Alonso, hacia sus compañeros y hacia la historia del Real Madrid.

Si hay que buscar un día y una hora exacta en la se jodió al actual Real Madrid, yo apuesto por ésta: día 26 de octubre de 2025, a las 17:45 horas

El problema: el poder en manos de los jugadores

La respuesta del Club a aquel comportamiento intolerable, fue el detonante de la situación actual. Decidió no castigar formalmente al jugador, interpretó el episodio como un exceso de “pasión y competitividad”, no como un acto de indisciplina grave, y dejó entrenador, Xabi Alonso, que gestionase la situación directamente con el jugador.  El Club se “lavó las manos”; de facto, respaldó al futbolista y le quitó la autoridad al entrenador cuando el equipo iba líder. En otras otras palabras: le dió el poder a los jugadores y se lo quitó al entrenador. Tan simple como eso.

En otras otras palabras: el Club le dió el poder a los jugadores y se lo quitó al entrenador

De aquellos vientos, estos lodos. El problema es que no es la primera vez que esto le ha pasado al Real Madrid. Aunque no pueda establecerse un paralelismo, en el fútbol suele haber una máxima de oro: cuando el poder lo tienen los futbolistas y no el entrenador, todo se estropea. En la temporada 2002-2003 Florentino Pérez cesó a Vicente del Bosque, después de haber ganado Liga y Supercopa de Europa (venian de ganar la Champions). Después de ese cese se sucedieron cinco entrenadores en la llamada época de los galácticos: Carlos Queiroz (2002-2003), José Antonio Camacho, Mariano García Remón y Vanderlei Luxemburgo (2004–05), y Juan Ramón López Caro (2005–06). Y todo concluyó con la dimisión de Pérez en febrero de 2006, después de que él mismo reconociera que el equipo estaba “mal educado y que necesitaba un cambio profundo”. Todo ello llevó al Club a una sequía de títulos durante casi cuatro años.

Esa misma situación, “equipo mal educado que necesita un cambio profundo”, es perfectamente aplicable en 2026, veinte años después de aquella dimisión del Presidente: futbolistas estrellas, con ego profundo, con hilo directo con quienes tienen capacidad de decisión en el Club, y entrenadores sin perfil propio y sin poder reconocido por el Club. En palabras técnicas: la estructura informal (el organigrama “paralelo”, esa estructura de poder creada por el vestuario, es decir, por los futbolistas) ha devorado a la estructura formal (el organigrama del Club que, en lo deportivo, se concreta en la figura del entrenador, que es la prolongación del poder del Presidente en el vestuario). Una alteración de la estructura de poder que nunca termina bien.

La estructura informal (el organigrama “paralelo”, esa estructura de poder creada por el vestuario, es decir, por los futbolistas) ha devorado a la estructura formal (el organigrama del Club que, en lo deportivo, se concreta en la figura del entrenador)

¿Qué hacer ahora?

La receta es sencilla: aplicar las técnicas básicas del comportamiento de las organizaciones. Aquí aporto algunas.

En primer lugar, es necesario restablecer la estructura formal: el Club debe recuperar el poder y quitárselo al vestuario. Y eso pasa solo por una cosa: traer un entrenador con perfil propio, darle todo el poder, no interferir en su relación con los futbolistas y apoyarle al máximo. Es decir: dejarle hacer. Y si, otorgado ese poder, los resultados no acompañan, cesarlo.

Es necesario restablecer la estructura formal: el Club debe recuperar el poder y quitárselo al vestuario.

En segundo lugar, desactivar la estructura informal de poder en el vestuario. Durante muchos años, en el vestuario del Real Madrid había futbolistas que hablaban, se les escuchaba y se les obedecía. En los últimos veinticinco años, futbolistas como Fernando Redondo, Fernando Hierro, Raúl, Sergio Ramos, Cristiano o Modrid hablaban y los demás acataban. Pero todos ellos salieron del Club, quizá por su loder e influencia. Hoy esos liderazgos informales… ¿en manos de quién están? No veo esos liderazgos (Carvajal ha perdido su protagonismo deportivo y eso ha afectado a su capacidad de liderar) pero sí veo otras conductas tóxicas que contaminan todo: Vinicius abrió el camino a los motines y no fue castigado por ello. Mientras siga, seguirá siendo la cara visible de que los “motines son bienvenidos”.

Hay que desactivar la estructura informal de poder en el vestuario

En tercer lugar, elegir personas (más allá de sus cargos) capaces de, con su sola presencia, introducir respeto y positividad, no tensión ni dictadura del terror. Como la historia siempre nos ensaña, para bien o para mal, hay que mirar la temporada 2013-2014 y ver el tandem que formaron Ancelotti (primer entrenador) y Zidane (segundo entrenador). Esa pareja de baile (la más laureada del Club) cambió una época oscura del Club una época de bandazos que terminó con Mouriño ejerciendo de sargento de hierro. Trajo títulos pero, sobre todo, supo conectar con mano de seda las demandas del Club con los deseos de los futbolistas; eliminaron los conflictos, dieron paz a todos e hicieron una organización comprometida.

Hay que elegir personas (más allá de sus cargos) capaces de, con su sola presencia, introducir respeto y positividad, no tensión ni dictadura del terror

En conclusión.

El Club aborda un problema complejo. Desde el plano del comportamiento organizacional, para introducir cambios, hay que tocar de forma holística esas tres palancas: estructura formal, informal y personas. Abordar el cambio solo con un entrenador nuevo, o con nuevos fichajes, pero sin tocar el resto de las palancas, sería reincidir en el error y llevaría el Club a otra época oscura de vaivenes y ausencia de títulos. Estoy seguro de que Florentino Pérez dará con la tecla: ya lo ha hecho antes y lo hará ahora. Solo hay que estudiar la historia de uno de los períodos más impresionantes del Club. Yo, personalmente, tengo claro qué haría; pero eso lo dejo para discutirlo con mis alumnos de comportamiento organizacional.

Foto: Diario AS


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